La Inteligencia Artificial no es sólo para grandes empresas… también puede transformar su negocio

 

Durante mucho tiempo, hablar de tecnología empresarial significaba hablar de grandes inversiones.

Sistemas costosos.

Infraestructura especializada.

Equipos técnicos.

Consultores.

Proyectos que podían tardar meses en implementarse.

Por esa razón, muchas pequeñas y medianas empresas desarrollaron una percepción comprensible:

“La tecnología avanzada es para las grandes compañías.”

Hoy esa idea necesita revisarse.

La Inteligencia Artificial está reduciendo algunas de las barreras que históricamente separaban a las grandes organizaciones de las empresas de menor tamaño.

Actualmente, una empresa no necesita tener cientos de colaboradores ni un departamento completo de tecnología para comenzar a utilizar determinadas herramientas de Inteligencia Artificial.

Pero existe también un riesgo.

Pensar que utilizar Inteligencia Artificial significa simplemente abrir una aplicación, hacer algunas preguntas y esperar que automáticamente transforme la empresa.

No funciona así.

La verdadera oportunidad comienza cuando dejamos de preguntarnos:

“¿Cómo puedo utilizar Inteligencia Artificial?”

y comenzamos a preguntarnos:

“¿Qué problema de mi empresa podría resolver mejor utilizando Inteligencia Artificial?”

La diferencia entre ambas preguntas es enorme.

La tecnología no debería comenzar por la herramienta

Existe una tendencia natural cuando aparece una nueva tecnología.

Primero conocemos la herramienta.

Después intentamos descubrir para qué utilizarla.

En una empresa conviene invertir el proceso.

Primero identifiquemos el problema.

Después evaluemos la herramienta.

¿Dónde estamos perdiendo demasiado tiempo?

¿Qué actividades repetitivas consumen horas de trabajo?

¿Qué información necesitamos analizar constantemente?

¿Qué preguntas de clientes respondemos una y otra vez?

¿Qué conocimiento depende excesivamente de determinadas personas?

¿Qué documentos elaboramos repetidamente?

¿Dónde existen errores por falta de información?

¿Qué actividades administrativas podrían simplificarse?

Estas preguntas permiten encontrar oportunidades reales.

Porque una empresa no necesita Inteligencia Artificial por el simple hecho de que exista.

La necesita cuando puede utilizarla para resolver un problema, mejorar un proceso, reducir trabajo innecesario o aumentar su capacidad para tomar mejores decisiones.

La Inteligencia Artificial no tiene que comenzar con grandes proyectos

Cuando escuchamos hablar de Inteligencia Artificial podemos imaginar sistemas sofisticados, grandes inversiones y proyectos tecnológicos complejos.

Pero una pequeña empresa puede comenzar de una manera mucho más sencilla.

Pensemos en una empresa de servicios que recibe constantemente solicitudes de cotización.

Parte de la información puede repetirse.

Descripción de servicios.

Alcances.

Condiciones.

Preguntas frecuentes.

Características técnicas.

En lugar de comenzar cada documento desde cero, determinadas herramientas pueden ayudar a estructurar información, generar borradores y mantener mayor consistencia.

Una empresa comercial podría utilizarla para analizar información de productos, preparar comunicaciones, organizar determinados datos o apoyar la elaboración de contenidos.

Un hotel podría utilizarla para estructurar respuestas a preguntas frecuentes, apoyar la capacitación o desarrollar materiales internos.

Un taller mecánico podría utilizarla para ayudar a explicar determinados servicios al cliente en un lenguaje más comprensible, estructurar listas de verificación o preparar materiales para capacitar nuevos colaboradores.

Una empresa manufacturera podría utilizarla para organizar información técnica, apoyar determinados análisis o facilitar el acceso a procedimientos internos.

Son ejemplos diferentes.

Pero tienen algo en común:

la tecnología se aplica a una necesidad concreta.

Ahí comienza a producir valor.

Utilizar Inteligencia Artificial no es lo mismo que integrarla al negocio

Esta distinción es fundamental.

Una persona puede utilizar ocasionalmente una herramienta de Inteligencia Artificial para redactar un correo, resumir un documento o generar algunas ideas.

Eso puede ser útil.

Pero todavía estamos hablando principalmente de productividad individual.

La transformación comienza en otro nivel.

Cuando la empresa identifica actividades recurrentes donde la tecnología puede integrarse de manera controlada a su forma de trabajar.

Por ejemplo:

un proceso comercial;

la preparación de determinada documentación;

la consulta de conocimiento interno;

el análisis preliminar de información;

la capacitación;

el servicio al cliente;

la generación de reportes;

o determinadas tareas administrativas.

Entonces dejamos de hablar solamente de alguien “utilizando IA”.

Comenzamos a hablar de una organización incorporando una nueva capacidad a sus procesos.

Y eso requiere mayor disciplina.

La Inteligencia Artificial también puede ayudar a conservar conocimiento

Muchas empresas tienen una enorme cantidad de conocimiento disperso.

Procedimientos.

Manuales.

Políticas.

Documentos.

Experiencia acumulada.

Información técnica.

Preguntas frecuentes.

Criterios desarrollados durante años.

El problema es que encontrar ese conocimiento puede resultar complicado.

A veces sabemos que existe.

Pero no sabemos dónde.

O depende de preguntarle a la persona que recuerda el antecedente.

Una de las posibilidades interesantes de determinadas soluciones de Inteligencia Artificial consiste precisamente en facilitar la consulta y utilización de conocimiento previamente organizado.

Pero aquí existe una condición importante:

la Inteligencia Artificial no puede organizar mágicamente una empresa que nunca organizó su información.

Si existen documentos contradictorios, información desactualizada, procesos indefinidos o criterios que solamente viven en la memoria de determinadas personas, primero tendremos que trabajar sobre esa realidad.

La tecnología puede potenciar el conocimiento de la empresa.

Pero necesitamos proporcionarle conocimiento confiable.

Una herramienta inteligente también puede equivocarse

Este punto es particularmente importante.

La facilidad con la que una herramienta de Inteligencia Artificial puede generar una respuesta bien redactada puede provocar una falsa sensación de seguridad.

Una respuesta convincente no necesariamente es una respuesta correcta.

Por eso no deberíamos delegar indiscriminadamente decisiones críticas.

Información financiera.

Interpretaciones legales.

Decisiones laborales.

Compromisos con clientes.

Información técnica de alto riesgo.

Datos confidenciales.

En todos estos casos deben existir criterios claros sobre cómo utilizar la herramienta, qué información puede proporcionarse, qué resultados requieren validación y quién conserva la responsabilidad final.

Adoptar Inteligencia Artificial no significa abandonar controles.

En muchos casos significa crear nuevos controles adecuados a una nueva tecnología.

La información de la empresa también necesita protección

Existe otra pregunta que una organización debería hacerse antes de comenzar a utilizar estas herramientas:

¿Qué información estamos compartiendo?

Datos de clientes.

Información financiera.

Contratos.

Precios.

Datos personales.

Procesos internos.

Estrategias.

Información confidencial.

No toda información debería utilizarse indiscriminadamente en cualquier herramienta.

La facilidad de uso no elimina la necesidad de establecer políticas.

Una empresa que comienza a adoptar Inteligencia Artificial necesita definir, de acuerdo con sus características y riesgos, qué puede utilizarse, qué debe protegerse y qué herramientas están autorizadas.

La innovación sin criterios puede generar nuevos riesgos.

El verdadero valor aparece cuando la experiencia humana y la tecnología trabajan juntas

Existe una discusión recurrente:

“¿La Inteligencia Artificial sustituirá a las personas?”

Para muchas empresas existe una pregunta mucho más útil:

¿Qué puede hacer mejor nuestra gente cuando dispone de estas herramientas?

Un vendedor experimentado conoce a sus clientes.

La tecnología puede ayudarle a organizar información o preparar determinados análisis.

Un técnico conoce su especialidad.

La tecnología puede facilitarle consultar documentación.

Una persona administrativa comprende las particularidades de la empresa.

La herramienta puede ayudarle a estructurar información o reducir tareas repetitivas.

Un gerente conoce el contexto de una decisión.

La Inteligencia Artificial puede ayudarle a explorar información, escenarios o alternativas.

La tecnología aporta velocidad y capacidad de procesamiento.

Las personas aportan contexto, experiencia, criterio, responsabilidad y comprensión de las consecuencias.

La oportunidad está en combinar ambas capacidades correctamente.

Automatizar no significa necesariamente mejorar

Existe un principio que las empresas deberían recordar antes de incorporar cualquier tecnología.

Si automatizamos un proceso deficiente, podemos terminar haciendo más rápido algo que nunca debimos hacer de esa manera.

Supongamos que una empresa genera un reporte semanal que requiere varias horas.

La primera reacción podría ser:

“Utilicemos Inteligencia Artificial para hacerlo más rápido.”

Pero existe una pregunta anterior:

¿Alguien utiliza realmente ese reporte?

Tal vez descubramos que contiene veinte indicadores y solamente cinco son necesarios.

Entonces la primera innovación no consiste en automatizarlo.

Consiste en simplificarlo.

Después podremos decidir qué tecnología necesitamos.

Esta lógica evita uno de los errores más frecuentes de la transformación digital:

digitalizar ineficiencias.

Una pequeña empresa también puede experimentar

Las grandes organizaciones pueden invertir cantidades importantes en proyectos tecnológicos.

Una PyME normalmente tiene menos margen para equivocarse.

Pero también posee una ventaja.

Puede experimentar en pequeña escala.

No necesita transformar toda la empresa simultáneamente.

Puede identificar un proceso.

Seleccionar una actividad.

Realizar una prueba.

Medir el resultado.

Aprender.

Corregir.

Y posteriormente decidir si conviene ampliar la aplicación.

Este enfoque reduce riesgo y permite generar experiencia interna.

Por ejemplo, antes de intentar automatizar todo el servicio al cliente, podríamos comenzar identificando las diez preguntas más frecuentes.

Antes de transformar todo el proceso administrativo, podemos analizar una actividad repetitiva.

Antes de utilizar Inteligencia Artificial en todas las áreas, podemos seleccionar un caso donde el resultado sea fácil de comprobar.

La innovación no siempre necesita comenzar con una gran transformación.

Muchas veces comienza con un problema pequeño correctamente elegido.

La pregunta fundamental es si realmente genera valor

Existe un peligro cuando una tecnología se vuelve popular.

Comenzamos a medir el avance por la cantidad de herramientas que utilizamos.

“Ya usamos Inteligencia Artificial.”

Eso dice muy poco.

La pregunta empresarial debería ser:

¿Qué cambió?

¿Reducimos tiempo?

¿Disminuyeron errores?

¿Mejoró el servicio?

¿Aumentó nuestra capacidad?

¿Podemos responder más rápido?

¿Las personas disponen de mejor información?

¿Se simplificó un proceso?

¿Mejoraron nuestras decisiones?

¿Existe un resultado que podamos observar?

Si no podemos identificar algún beneficio concreto, quizá todavía estamos experimentando con tecnología, pero no necesariamente innovando.

La innovación adquiere valor empresarial cuando produce una mejora verificable.

El cambio más importante quizá no sea tecnológico

Incorporar Inteligencia Artificial también obliga a cuestionar la manera en que trabajamos.

Actividades que durante años consideramos normales pueden dejar de tener sentido.

Puestos pueden modificar parte de sus funciones.

Procesos pueden simplificarse.

Determinadas tareas pueden automatizarse.

Otras pueden adquirir mayor importancia.

Esto significa que la adopción de Inteligencia Artificial no es solamente un proyecto tecnológico.

También es un proceso de cambio.

Las personas necesitan aprender.

Experimentar.

Comprender qué cambia.

Desarrollar nuevos criterios.

Y en algunos casos abandonar formas de trabajar que durante años fueron perfectamente válidas.

La tecnología puede adquirirse rápidamente.

La capacidad de una organización para incorporarla correctamente necesita desarrollarse.

No todas las empresas necesitan utilizarla de la misma manera

Una cafetería no tiene las mismas necesidades que una planta manufacturera.

Un despacho contable no enfrenta los mismos problemas que un hotel.

Una empresa de logística no requiere las mismas soluciones que una firma de servicios profesionales.

Por eso copiar lo que otra empresa está haciendo puede ser un error.

La pregunta no es:

“¿Cómo están utilizando Inteligencia Artificial los demás?”

Esa información puede resultar interesante.

Pero la pregunta verdaderamente importante es:

“¿Dónde podría generar mayor valor dentro de nuestra propia empresa?”

La respuesta dependerá de los procesos, clientes, información, riesgos y objetivos de cada organización.

Antes de invertir, conviene comenzar con algunas preguntas

Una empresa que desea explorar seriamente estas tecnologías puede comenzar sin comprar absolutamente nada.

Primero puede analizar su operación.

¿Dónde utilizamos demasiado tiempo en actividades repetitivas?

¿Qué información resulta difícil consultar?

¿Qué tareas podrían simplificarse?

¿Dónde cometemos errores recurrentes?

¿Qué conocimiento necesitamos compartir mejor?

¿Qué actividades necesitan siempre una primera versión de documentos, reportes o análisis?

¿Dónde existe una oportunidad clara de mejorar la experiencia del cliente?

Después conviene priorizar.

No por lo espectacular de la tecnología.

Sino por el valor potencial para la empresa.

Y solamente entonces evaluar qué herramienta resulta adecuada.

La Inteligencia Artificial no es solamente para grandes empresas

Probablemente esa sea una de las transformaciones más interesantes que estamos viviendo.

Tecnologías que anteriormente requerían inversiones importantes comienzan a estar disponibles para organizaciones mucho más pequeñas.

Eso no significa que todas las empresas deban utilizarlas inmediatamente.

Ni que cualquier aplicación vaya a generar resultados.

Significa que existe una nueva posibilidad.

Una pequeña empresa puede comenzar a experimentar con capacidades que hace pocos años parecían reservadas para organizaciones con enormes recursos tecnológicos.

Pero el tamaño de la empresa no determinará por sí solo el resultado.

Lo determinará, en buena medida, la calidad con la que identifique dónde aplicar la tecnología.

Por eso la pregunta ya no debería ser:

“¿La Inteligencia Artificial es para mi empresa?”

Conviene hacer preguntas mucho más concretas:

¿Qué problema queremos resolver?

¿Qué proceso podríamos mejorar?

¿Qué actividad podría simplificarse?

¿Qué conocimiento podríamos aprovechar mejor?

¿Qué riesgo debemos controlar?

¿Qué resultado esperamos obtener?

¿Y cómo sabremos si realmente funcionó?

Cuando podemos responder esas preguntas, la Inteligencia Artificial deja de ser una novedad tecnológica.

Comienza a convertirse en una herramienta empresarial.

Y quizá ahí se encuentre una de las mayores oportunidades para las pequeñas y medianas empresas:

no intentar utilizar Inteligencia Artificial porque todos hablan de ella, sino aprender a utilizarla exactamente donde pueda producir una diferencia real.

Lic. Pablo Corona Díaz
Fundador & CEO de Impulsa y Crece®
Creador del Sistema Impulsa 360®
Asesor y Capacitador Empresarial