Dirigir una empresa significa estar permanentemente tomando
decisiones, resolviendo problemas y atendiendo clientes, colaboradores,
proveedores y nuevas oportunidades.
Esa cercanía con la operación puede generar una sensación
muy natural:
“Conozco perfectamente mi empresa porque estoy aquí todos
los días.”
Sin embargo, estar cerca de la operación no siempre
significa verla con claridad.
Con el tiempo, ciertas situaciones pueden incorporarse a la
rutina hasta parecernos normales: decisiones que siempre terminan en la
Dirección, procesos que dependen de la experiencia de determinadas personas,
problemas que se resuelven repetidamente sin eliminar su origen o
responsabilidades que existen formalmente, pero que en la práctica alguien más
termina asumiendo.
La empresa continúa funcionando. Y precisamente por eso
algunas señales pueden pasar inadvertidas.
Cuando lo cotidiano deja de llamar nuestra atención
Uno de los riesgos de cualquier organización es
acostumbrarse a determinadas situaciones simplemente porque llevan mucho tiempo
ocurriendo.
“Siempre lo hemos hecho así.”
“Prefiero revisarlo personalmente.”
“Si no estoy pendiente, las cosas no salen.”
Estas expresiones pueden parecer normales. Pero cuando se
convierten en parte habitual de la operación, vale la pena detenerse y
preguntar:
¿Estamos dirigiendo la empresa que realmente tenemos o la
empresa que creemos tener?
Autoevaluarse no significa buscar errores
Una autoevaluación empresarial no debería entenderse como un
examen ni como una búsqueda de fallas.
Su propósito es ayudarnos a observar.
¿Las responsabilidades realmente están distribuidas?
¿Los responsables pueden tomar decisiones sin consultar
constantemente a la Dirección?
¿Los procesos dependen de una forma establecida de trabajar
o del conocimiento de determinadas personas?
¿La empresa podría funcionar adecuadamente durante la
ausencia temporal de alguien clave?
Preguntas como estas pueden confirmar que algunas cosas se
están haciendo bien, pero también pueden revelar situaciones que merecen mayor
atención.
Lo que no identificamos difícilmente podemos mejorar
Una empresa puede vender, crecer y obtener buenos resultados
y, al mismo tiempo, desarrollar dependencias o debilidades que todavía no son
evidentes.
Por eso, autoevaluarse periódicamente permite observar la
organización desde una perspectiva diferente y detectar señales antes de que se
conviertan en problemas mayores.
Una autoevaluación no sustituye un diagnóstico profundo. Su
función es ofrecer una primera referencia para identificar dónde podría ser
conveniente mirar con mayor atención.
En ocasiones confirmará algo que ya sospechábamos.
En otras, mostrará una situación que habíamos normalizado.
Y algunas veces provocará una pregunta que nunca nos
habíamos hecho.
Cualquiera de estos resultados puede ser valioso si conduce
a una mejor decisión.
Una pregunta que vale la pena hacerse
Todas las empresas tienen áreas que pueden mejorar. La
pregunta importante no es si existen problemas, sino:
¿Qué situaciones de su empresa merecen atención hoy,
antes de convertirse en problemas mayores mañana?
Responder requiere detenerse por unos minutos, observar y
cuestionar algunas cosas que normalmente damos por sentadas.
Ese es el propósito de una Autoevaluación Ejecutiva.
Una primera mirada puede revelar más de lo que imagina
En Impulsa y Crece® hemos desarrollado
Autoevaluaciones Ejecutivas enfocadas en situaciones concretas de la gestión
empresarial, para ayudar a empresarios y directivos a obtener una primera
referencia sobre aspectos de su organización que podrían requerir atención.
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¿Qué tan dependiente es su empresa de usted para funcionar?
Conocer la respuesta puede ser el primer paso para descubrir
algo importante sobre su organización.
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Lic. Pablo Corona Díaz
Fundador & CEO de Impulsa y Crece®
Creador del Sistema Impulsa 360®
Asesor y Capacitador Empresarial
