La conversación que vale más que una tarjeta de presentación

 

Las oportunidades más importantes rara vez comienzan cuando decimos nuestro nombre. Comienzan cuando logramos que alguien quiera seguir conversando con nosotros.

Hace algunos años asistí a un evento empresarial donde se reunieron directores, empresarios, emprendedores y ejecutivos de distintas industrias.

Era uno de esos encuentros donde abundan las tarjetas de presentación, los apretones de manos y las conversaciones breves.

Mientras observaba a las personas, descubrí algo que desde entonces cambió mi manera de entender las relaciones profesionales.

Casi todos parecían seguir el mismo guion:

—Mucho gusto, soy…

—Trabajo para…

—Nuestra empresa se dedica a…

Las conversaciones duraban unos minutos. Después venían el intercambio de tarjetas, alguna promesa de mantenerse en contacto y la búsqueda de la siguiente persona.

Al terminar el evento intenté recordar a quienes había conocido.

Recordaba pocos nombres.

Sin embargo, sí recordaba algunas conversaciones.

Recordaba las preguntas que me habían hecho.

Las ideas que habían despertado.

Y, sobre todo, recordaba cómo me habían hecho sentir.

Ahí comprendí algo fundamental:

Una tarjeta permite recordar quién eres. Una buena conversación puede hacer que alguien recuerde por qué valdría la pena volver a hablar contigo.

Nos enseñaron a presentarnos, pero no necesariamente a conectar

Presentarnos correctamente es importante.

Decir nuestro nombre, explicar a qué nos dedicamos y representar profesionalmente a nuestra empresa forma parte de cualquier encuentro de negocios.

El problema comienza cuando pensamos que eso es suficiente.

En muchos eventos empresariales ocurre algo curioso: todos quieren explicar quiénes son, qué hacen, qué venden y por qué su empresa es diferente.

Pero pocas personas se detienen a descubrir quién está frente a ellas.

Y ahí existe una enorme oportunidad.

En Networking, una presentación puede iniciar el contacto.

Una conversación comienza a construir la relación.

Una buena pregunta puede cambiar completamente una conversación

Imagine que durante un evento conoce a diez personas y todas comienzan explicándole inmediatamente a qué se dedican.

Probablemente al día siguiente recuerde muy pocas.

Ahora imagine que una de ellas, después de presentarse, le pregunta:

¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha enfrentado su empresa durante este año?

La conversación cambia.

Ya no estamos intercambiando información superficial.

Estamos hablando de algo que importa.

También podríamos preguntar:

—¿Qué proyecto le entusiasma más en este momento?

—¿Cuál considera que será uno de los principales retos de su sector durante los próximos años?

—¿Qué tipo de empresas o profesionales le interesaría conocer?

Ninguna de estas preguntas intenta vender.

Pero todas pueden abrir una conversación.

Y una buena conversación puede ser el principio de una relación profesional.

Escuchar también es hacer Networking

Existe otra habilidad que suele olvidarse cuando hablamos de relaciones profesionales:

escuchar.

Con frecuencia estamos tan preocupados por explicar quiénes somos que mientras la otra persona habla ya estamos preparando nuestra siguiente respuesta.

Eso no es escuchar.

Escuchar implica curiosidad, atención e interés genuino por comprender a la persona que tenemos enfrente.

Cuando alguien percibe que realmente estamos interesados en conocer su actividad, sus proyectos o sus necesidades, la conversación deja de sentirse como un intercambio comercial.

Comienza a generarse confianza.

Y sin confianza difícilmente existe una relación profesional sólida.

No todas las conversaciones tienen que terminar en una venta

Este punto es especialmente importante.

Cuando conocemos a alguien en un entorno empresarial, no deberíamos preguntarnos inmediatamente:

“¿Cómo puedo convertirlo en cliente?”

Tal vez nunca sea nuestro cliente.

Quizá pueda convertirse en proveedor, aliado, colaborador o simplemente en alguien capaz de presentarnos a otra persona.

También puede suceder lo contrario: quizá nosotros podamos ayudarlo sin recibir nada inmediatamente a cambio.

Una red profesional se construye precisamente mediante ese intercambio de conocimiento, relaciones y confianza.

Networking no consiste únicamente en encontrar oportunidades. También consiste en estar en condiciones de generarlas para otros.

Nunca sabemos quién está frente a nosotros

Una conversación aparentemente sencilla puede convertirse con el tiempo en algo completamente diferente.

Un cliente.

Un proveedor.

Un socio.

Un mentor.

Un colaborador.

Una recomendación.

O una persona que meses después recuerde aquella conversación cuando aparezca una oportunidad.

Por eso no deberíamos medir el éxito de un evento por la cantidad de tarjetas que llevamos de regreso a la oficina.

Una mejor pregunta sería:

¿Con cuántas personas tuve una conversación que realmente valdría la pena continuar?

La tarjeta solamente abre una puerta

Las tarjetas han evolucionado.

Hoy tenemos LinkedIn, códigos QR, perfiles digitales, WhatsApp, sitios web y múltiples formas de intercambiar nuestros datos.

Todas son herramientas útiles.

Pero ninguna sustituye la experiencia que una persona tiene al conversar con nosotros.

Podemos tener una excelente presentación profesional, una magnífica empresa y un perfil impecable.

Pero las relaciones se construyen entre personas.

Por eso, la próxima vez que participe en un encuentro empresarial, no se preocupe únicamente por entregar muchas tarjetas.

Tenga buenas conversaciones.

Pregunte.

Escuche.

Descubra intereses comunes.

Y encuentre una razón legítima para volver a comunicarse.

Porque una tarjeta puede terminar olvidada en un escritorio.

Una buena conversación puede convertirse en el comienzo de una relación que genere oportunidades durante muchos años.

 

Reflexión Ejecutiva

En Networking, el objetivo no debería ser lograr que muchas personas sepan quiénes somos.

El verdadero objetivo es construir relaciones en las que exista suficiente confianza para volver a conversar.

La conversación vale más que una tarjeta de presentación porque la tarjeta contiene nuestros datos; la conversación comienza a construir nuestra reputación.

 

Acerca del autor

Lic. Pablo Corona Díaz
Fundador & CEO de Impulsa y Crece® y creador del Sistema Impulsa 360®.

Asesor y capacitador empresarial con más de 40 años de experiencia profesional, enfocado en liderazgo, estrategia, organización, desarrollo directivo y mejora empresarial.

A través de la Biblioteca Ejecutiva Impulsa y Crece®, comparte experiencias, reflexiones y herramientas orientadas a empresarios, directivos, gerentes y profesionales interesados en fortalecer sus organizaciones y mejorar sus resultados.