La empresa creció… pero seguimos trabajando como cuando éramos pequeños

 

Crecer es uno de los principales objetivos de cualquier empresa.

Más clientes.

Mayores ventas.

Nuevos colaboradores.

Más productos.

Nuevas áreas.

Instalaciones más grandes.

Operaciones cada vez más importantes.

Todas pueden ser señales de que el negocio está avanzando.

Y ciertamente pueden representar un logro.

El problema comienza cuando la empresa crece, pero la forma de organizarla permanece prácticamente igual.

La organización que comenzó con cinco o diez personas ahora tiene treinta, cincuenta o cien.

Sin embargo, muchas decisiones continúan concentrándose en las mismas personas.

Los procedimientos siguen dependiendo de instrucciones verbales.

Las responsabilidades comienzan a confundirse.

Los departamentos tienen dificultades para coordinarse.

Las reuniones se utilizan principalmente para solucionar urgencias.

Determinadas actividades solamente pueden realizarse porque alguien recuerda exactamente cómo hacerlas.

Y cada nuevo cliente, colaborador o proyecto agrega presión a una estructura que originalmente fue diseñada para una empresa mucho más pequeña.

La empresa cambió de tamaño.

Pero su organización no necesariamente cambió con ella.

Y esa diferencia puede convertirse en uno de los principales obstáculos para continuar creciendo.

Lo que funcionaba cuando éramos pequeños

En las primeras etapas de una empresa es completamente normal trabajar con estructuras sencillas.

El propietario conoce prácticamente todo lo que sucede.

Puede hablar directamente con cada colaborador.

Conoce personalmente a muchos clientes y proveedores.

Las decisiones pueden tomarse rápidamente.

Las responsabilidades son flexibles.

Y cuando surge un problema, normalmente basta con reunir a dos o tres personas para resolverlo.

Este modelo puede funcionar extraordinariamente bien.

Existe cercanía.

Rapidez.

Flexibilidad.

Capacidad de reacción.

Incluso muchas empresas consiguen crecer precisamente gracias a esas características.

El problema no está en haber trabajado así.

El problema está en pretender continuar trabajando exactamente igual cuando la empresa ya es completamente diferente.

Porque conforme aumenta el tamaño de una organización, también aumenta su complejidad.

Más ventas también significan más complejidad

Cuando una empresa crece no solamente aumenta su facturación.

También aumenta el número de decisiones que deben tomarse.

Hay más clientes que atender.

Más personas que coordinar.

Más operaciones que controlar.

Más información que administrar.

Más departamentos que necesitan trabajar entre sí.

Más posibilidades de cometer errores.

Más responsabilidades.

Y mayores consecuencias cuando algo sale mal.

Lo que antes podía resolverse mediante una conversación comienza a necesitar coordinación.

Lo que antes podía supervisarse personalmente comienza a requerir responsables claramente definidos.

Lo que antes podía mantenerse en la memoria comienza a necesitar procesos.

Lo que antes podía decidir una sola persona comienza a necesitar criterios claros de autoridad.

Y lo que antes podía conocerse simplemente recorriendo la empresa comienza a necesitar información e indicadores.

El crecimiento cambia las necesidades de la organización.

Una estructura que existe solamente en el organigrama

Muchas empresas responden al crecimiento creando nuevos puestos.

Aparecen supervisores.

Coordinadores.

Jefaturas.

Gerencias.

Direcciones de área.

Y sobre el papel, la estructura parece estar perfectamente definida.

Pero crear puestos no significa necesariamente haber construido una organización.

Un organigrama indica quién ocupa determinada posición.

Pero no siempre responde preguntas fundamentales:

¿De qué resultados es responsable cada puesto?

¿Qué decisiones puede tomar?

¿Qué debe autorizar otro nivel?

¿Con qué áreas necesita coordinarse?

¿Qué información necesita recibir?

¿Qué indicadores permiten evaluar su desempeño?

Cuando estas respuestas no están claras, el organigrama puede existir formalmente mientras la empresa continúa operando mediante relaciones informales.

Entonces aparecen expresiones como:

“Pensé que eso lo hacía Compras.”

“Eso le corresponde a Administración.”

“A mí nadie me avisó.”

“Estamos esperando autorización.”

“Siempre lo hemos hecho de otra manera.”

“Eso no me corresponde.”

El problema no necesariamente está en las personas.

Puede estar en una estructura que todavía no ha definido con suficiente claridad cómo debe funcionar la organización.

Cuando demasiadas decisiones llegan al mismo lugar

Existe una señal particularmente reveladora de una estructura que no ha evolucionado.

La empresa tiene responsables de área, supervisores y gerentes, pero una cantidad excesiva de decisiones continúa llegando al mismo punto.

“Hay que consultarlo.”

“Estamos esperando autorización.”

“Mejor que lo decidan arriba.”

“Hasta que nos indiquen qué hacer.”

Hay decisiones que evidentemente deben escalarse.

Eso es normal.

El problema aparece cuando también llegan asuntos rutinarios que podrían resolverse en otros niveles.

Entonces se forma un cuello de botella.

Las personas esperan.

Los procesos se detienen.

Los clientes esperan respuestas.

Las oportunidades se retrasan.

Y los niveles superiores terminan dedicando una parte importante de su tiempo a asuntos operativos.

La solución no consiste simplemente en decir:

“Tienen que tomar más decisiones.”

Primero debe existir claridad.

¿Qué puede decidir cada puesto?

¿Hasta qué monto?

¿Bajo qué criterios?

¿En qué circunstancias debe escalarse una situación?

¿Qué información necesita para decidir?

Una organización madura no elimina los controles.

Define con mayor precisión dónde deben estar.

Tener más personas no significa tener mayor capacidad

Cuando una empresa comienza a sentirse saturada, una reacción natural consiste en contratar personal.

Y algunas veces será exactamente lo que necesita.

Pero no siempre.

Si existe falta de claridad en las responsabilidades, agregar personas puede generar todavía más confusión.

Si los procesos son deficientes, aumentar la plantilla puede significar que más personas participen en procesos deficientes.

Si las decisiones están excesivamente centralizadas, habrá más colaboradores esperando autorización.

Si los departamentos trabajan de manera aislada, existirán más puntos de fricción.

Si la información no fluye correctamente, habrá más personas trabajando con información incompleta.

Por eso, antes de concluir que falta personal, conviene hacerse una pregunta:

¿Realmente necesitamos más personas o necesitamos organizarnos mejor?

La diferencia puede representar un impacto considerable en productividad, costos y capacidad de crecimiento.

El crecimiento hace visibles problemas que antes podían ocultarse

Mientras la operación es pequeña, muchas deficiencias pueden compensarse mediante esfuerzo personal.

Alguien recuerda cómo se realiza determinado proceso.

Otro colaborador sabe qué hacer cuando aparece cierto problema.

Una persona conoce personalmente cada operación importante.

Alguien interviene cuando algo se complica.

Y la empresa continúa funcionando.

Pero cuando aumenta el volumen, esas mismas prácticas comienzan a mostrar sus límites.

Aparecen errores de comunicación.

Retrasos.

Duplicidad de actividades.

Conflictos entre departamentos.

Decisiones tardías.

Información que no llega.

Problemas que nadie sabe exactamente quién debe resolver.

Clientes que reciben respuestas diferentes dependiendo de quién los atienda.

En realidad, el crecimiento no siempre crea estos problemas.

Muchas veces simplemente los hace visibles.

Los procesos comienzan donde la memoria deja de ser suficiente

En una empresa pequeña es posible que muchas actividades funcionen correctamente porque las personas saben qué hacer.

No necesariamente existe un procedimiento.

Existe experiencia.

El problema aparece cuando el número de personas aumenta o cuando quienes poseen ese conocimiento dejan de estar disponibles.

Entonces comienzan las preguntas:

“¿Cómo se hace esto?”

“¿Quién tiene la información?”

“¿Qué sigue después?”

“¿Quién debe autorizarlo?”

“¿Dónde está el archivo?”

“¿Quién sabe resolverlo?”

La empresa descubre entonces que parte de su operación no estaba realmente incorporada a la organización.

Estaba almacenada en la memoria de determinadas personas.

Por eso desarrollar procesos no significa llenar la empresa de documentos.

Significa convertir conocimiento individual en una forma de trabajo que pueda ser entendida, enseñada, ejecutada y mejorada.

Una empresa no debería depender de héroes

Muchas organizaciones tienen personas extraordinarias.

El colaborador que siempre resuelve.

La persona administrativa que sabe dónde está cada documento.

El supervisor que conoce todos los detalles.

El especialista al que todos llaman cuando algo falla.

Son personas enormemente valiosas.

Precisamente por eso, su conocimiento debería aprovecharse para fortalecer a la organización.

Porque cuando una actividad crítica depende exclusivamente de una persona, también existe un riesgo.

¿Qué sucede cuando falta?

¿Qué ocurre cuando toma vacaciones?

¿Qué pasa si cambia de puesto?

¿Qué ocurre si abandona la empresa?

¿Quién conoce lo que esa persona conoce?

¿Dónde se encuentra esa información?

Una organización sólida aprovecha la experiencia de sus mejores personas, pero procura convertir una parte de ese conocimiento en capacidad organizacional.

Porque una empresa preparada para crecer no debería funcionar gracias a actos heroicos permanentes.

Debería funcionar porque existe una estructura capaz de sostener la operación.

“Aquí siempre hemos trabajado así”

Probablemente sea una de las frases más frecuentes en empresas que han acumulado muchos años de experiencia.

Y no necesariamente es una mala frase.

Detrás de ella puede existir conocimiento valioso.

Hay procedimientos que surgieron porque resolvieron problemas reales.

Formas de trabajo que permitieron superar momentos difíciles.

Decisiones que respondieron correctamente a las circunstancias de determinado momento.

Nada de eso debería despreciarse.

Pero existe una pregunta inevitable:

¿Lo que funcionó para una empresa de diez personas continúa siendo adecuado para una empresa de cincuenta?

¿El mismo sistema de autorizaciones?

¿La misma forma de comunicarse?

¿La misma distribución de responsabilidades?

¿Los mismos controles?

¿La misma manera de supervisar?

¿La misma forma de compartir información?

La experiencia empresarial es extraordinariamente valiosa.

Pero la experiencia también debe evolucionar.

Profesionalizar no significa burocratizar

Existe un temor comprensible entre muchos empresarios.

Pensar que profesionalizar la organización significa llenarla de procedimientos, formatos, reuniones, autorizaciones y controles.

No debería ser así.

Una organización profesional no es aquella que tiene más documentos.

Es aquella que tiene mayor claridad para funcionar.

Las personas saben qué deben hacer.

Las responsabilidades están definidas.

Los responsables conocen qué pueden decidir.

Los procesos importantes no dependen exclusivamente de la memoria.

Las áreas comprenden cómo deben coordinarse.

La información necesaria llega a quien debe utilizarla.

Los indicadores permiten conocer qué está ocurriendo.

Los problemas recurrentes se analizan para reducir su repetición.

Y cada nivel de la organización puede concentrarse en las responsabilidades que realmente le corresponden.

La profesionalización no debería eliminar la agilidad que permitió crecer a la empresa.

Debería ayudar a conservarla mientras aumenta la capacidad para manejar una operación más compleja.

La coordinación entre áreas también necesita diseñarse

Una empresa puede tener departamentos eficientes individualmente y, sin embargo, funcionar deficientemente como organización.

Ventas puede hacer correctamente su trabajo.

Administración también.

Operaciones puede cumplir sus objetivos.

Compras puede seguir sus procedimientos.

Pero si la información no fluye correctamente entre ellos, el resultado final puede ser deficiente.

Muchos problemas empresariales no ocurren dentro de un departamento.

Ocurren entre departamentos.

Un pedido que Ventas promete y Operaciones no conoce.

Una compra que llega tarde porque la solicitud estaba incompleta.

Una factura que no puede emitirse porque falta información.

Un cliente que recibe respuestas diferentes de distintas áreas.

Por eso organizar una empresa no significa solamente definir departamentos.

También significa diseñar cómo deben relacionarse.

¿Qué información debe pasar de un área a otra?

¿En qué momento?

¿Quién es responsable de entregarla?

¿Qué debe contener?

¿Qué sucede cuando está incompleta?

Una organización funciona tan bien como funcionan también sus puntos de conexión.

Los problemas repetidos contienen información

Cuando un problema ocurre una vez, puede tratarse de una excepción.

Cuando ocurre todas las semanas, probablemente existe algo que la organización necesita revisar.

Un retraso recurrente.

Una autorización que siempre genera espera.

Información que llega incompleta.

Errores frecuentes en el mismo punto.

Conflictos repetidos entre las mismas áreas.

Actividades que constantemente deben corregirse.

En estos casos, resolver cada incidente individualmente mantiene funcionando la operación.

Pero no necesariamente mejora el proceso.

La pregunta importante es:

¿Por qué continúa ocurriendo?

Una organización que aprende no se limita a resolver problemas.

Busca comprender qué debe modificar para reducir la posibilidad de que vuelvan a aparecer.

¿La organización está creciendo al mismo ritmo que la empresa?

Cada empresa tiene una historia diferente.

No existe una estructura universal que funcione para todas.

Pero algunas preguntas pueden ayudar a identificar si la organización necesita evolucionar:

¿Demasiadas decisiones continúan concentradas en pocas personas?

¿Las responsabilidades entre puestos y áreas son suficientemente claras?

¿Los problemas entre departamentos son frecuentes?

¿Existen actividades críticas que solamente una persona sabe realizar?

¿Los mismos problemas aparecen repetidamente?

¿Las reuniones se utilizan principalmente para resolver urgencias?

¿La empresa depende excesivamente de instrucciones verbales?

¿Existen procesos importantes que nadie podría explicar completamente?

¿La información necesaria para decidir llega oportunamente?

¿El crecimiento ha provocado más presión que capacidad?

Si varias respuestas generan incomodidad, quizá el problema no sea que la empresa esté creciendo demasiado.

Puede ser que la organización necesite alcanzar a la empresa que construimos.

Crecer también significa aprender a trabajar de otra manera

Llegar hasta determinado nivel seguramente requirió años de esfuerzo.

Decisiones difíciles.

Errores.

Aprendizaje.

Clientes ganados.

Problemas superados.

Personas comprometidas.

Y una enorme capacidad para adaptarse.

Nada de eso debería desaparecer.

Pero cada etapa empresarial exige capacidades diferentes.

La forma de organización que permitió llegar hasta determinado nivel no necesariamente será suficiente para alcanzar el siguiente.

Por eso llega un momento en el que crecer deja de significar solamente:

vender más.

También comienza a significar:

organizar mejor, coordinar mejor, definir mejor, estandarizar mejor y utilizar mejor la capacidad disponible.

El verdadero reto no consiste simplemente en construir una empresa más grande.

Consiste en construir una organización capaz de sostenerla.

Imagine ahora que durante los próximos doce meses su empresa aumenta 50% sus ventas, sus clientes y su volumen de operación.

La pregunta no debería ser únicamente si existe mercado suficiente para conseguirlo.

También convendría preguntarse:

¿Nuestra estructura actual podría soportarlo?

¿Los procesos resistirían?

¿La información fluiría correctamente?

¿Las responsabilidades seguirían siendo claras?

¿Los niveles de autorización funcionarían?

¿Las áreas podrían coordinarse?

¿O simplemente multiplicaríamos muchos de los problemas que hoy todavía podemos controlar?

A veces, antes de preguntarnos cuánto más puede crecer una empresa, conviene preguntarnos:

¿Cuánto más puede soportar la organización que tenemos actualmente?

Porque crecer es importante.

Construir la organización capaz de sostener ese crecimiento lo es todavía más.

Lic. Pablo Corona Díaz
Fundador & CEO de Impulsa y Crece®
Creador del Sistema Impulsa 360®
Asesor y Capacitador Empresarial