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Su empresa tiene objetivos… pero ¿todos están trabajando hacia el mismo lugar?

 


La mayoría de las empresas tiene objetivos.

Incrementar ventas. Mejorar la rentabilidad. Reducir costos. Elevar la calidad. Conseguir nuevos clientes. Mejorar el servicio. Desarrollar nuevos productos. Crecer.

En muchas organizaciones esos objetivos incluso están documentados, se presentan en reuniones y se convierten en indicadores para las diferentes áreas.

Sin embargo, existe un problema que no siempre resulta evidente:

Tener objetivos no significa necesariamente que toda la organización esté trabajando hacia el mismo lugar.

Una empresa puede tener personas capaces, responsables comprometidos y departamentos que trabajan intensamente y, aun así, descubrir que las decisiones de unas áreas dificultan el trabajo de otras.

No necesariamente existe falta de compromiso.

Muchas veces lo que falta es alineación.

Todos trabajan… pero cada área observa una realidad diferente

A medida que una empresa crece necesita dividir responsabilidades.

Ventas se concentra en clientes e ingresos.

Operaciones busca cumplir programas y mantener estabilidad.

Compras atiende proveedores, costos y disponibilidad.

Administración controla recursos.

Recursos Humanos se ocupa de las personas.

Calidad busca mantener estándares.

Y Dirección intenta conseguir que todas esas piezas funcionen como una sola organización.

La especialización es necesaria.

El problema comienza cuando cada área termina observando solamente su parte de la empresa.

Entonces puede suceder algo paradójico:

Cada departamento puede creer que está haciendo correctamente su trabajo mientras la organización, en conjunto, no consigue los resultados esperados.

Cuando una buena decisión para un área se convierte en un problema para otra

Imagine una empresa que establece como prioridad mejorar el servicio al cliente.

Ventas, buscando responder a esa prioridad, promete tiempos de entrega más cortos.

Sin embargo, Operaciones no cuenta con capacidad suficiente para cumplirlos.

Compras intenta reducir costos y selecciona alternativas más económicas, pero algunas generan problemas posteriores de calidad.

Administración establece mayores controles para proteger los recursos, pero esos controles hacen más lentas determinadas decisiones.

Visto individualmente, cada departamento podría justificar perfectamente sus acciones.

Ventas quiere satisfacer al cliente.

Compras quiere ahorrar.

Administración quiere controlar.

Operaciones quiere mantener estabilidad.

El problema es que optimizar cada parte por separado no necesariamente optimiza a la empresa completa.

Y cuando esto sucede de manera frecuente aparecen fricciones, retrasos, reuniones para resolver problemas y una sensación permanente de que todos trabajan mucho, pero los resultados no corresponden al esfuerzo realizado.

Los objetivos pueden existir solamente en Dirección

Existe otra situación frecuente.

La Dirección conoce perfectamente hacia dónde quiere llevar la empresa.

Tiene claros los retos, las prioridades y quizá incluso los resultados que espera conseguir durante el año.

Pero esa claridad no siempre baja con la misma precisión al resto de la organización.

Los responsables reciben objetivos generales y posteriormente cada uno los interpreta desde su propia función.

Por eso una pregunta aparentemente sencilla puede revelar mucho:

¿Cuáles son las tres prioridades más importantes de nuestra empresa en este momento?

Si hacemos esa pregunta por separado al director general, al responsable de ventas, al de operaciones, al de administración y al de recursos humanos, ¿obtendríamos respuestas similares?

Si cada uno responde algo completamente diferente, probablemente existe una señal que merece atención.

Porque una estrategia que solamente comprende Dirección todavía no se ha convertido realmente en estrategia organizacional.

El problema no siempre es comunicar más

Cuando existe desalineación, una reacción habitual consiste en aumentar las reuniones, enviar más información o preparar nuevas presentaciones.

Pero comunicar más no necesariamente significa alinear mejor.

La verdadera alineación requiere que las personas comprendan no solamente qué deben hacer, sino también por qué es importante y cómo afecta al resto de la organización.

Un responsable debería poder relacionar las decisiones de su área con los objetivos generales de la empresa.

De lo contrario, cada departamento comienza a construir sus propias prioridades.

Y poco a poco aparecen pequeños territorios internos:

“Nosotros ya cumplimos.”

“Ese problema corresponde a otra área.”

“Mi indicador está bien.”

“Eso no depende de nosotros.”

Es posible que todas esas afirmaciones sean técnicamente correctas.

Pero existe una pregunta superior:

¿La empresa consiguió el resultado que necesitaba?

Cuando los indicadores también pueden dividir a la organización

Los indicadores son indispensables para gestionar.

Pero también pueden provocar comportamientos equivocados cuando se diseñan o interpretan de manera aislada.

Si Compras solamente es evaluada por ahorro, puede buscar siempre el precio más bajo, aunque posteriormente existan consecuencias en calidad o disponibilidad.

Si Producción solamente mide volumen, puede producir más aunque esa producción no corresponda exactamente con la demanda.

Si Ventas únicamente mide facturación, puede aceptar condiciones que generen dificultades operativas o financieras.

Si Administración se concentra exclusivamente en reducir gastos, puede limitar recursos necesarios para crecer.

El indicador puede mejorar mientras la empresa empeora.

Por eso no basta con preguntar:

“¿Cumplimos el indicador?”

También deberíamos preguntar:

“¿Qué efecto produjo ese resultado en el resto de la organización?”

Alinear no significa que todos hagan lo mismo

Una empresa alineada no es aquella donde todos tienen los mismos objetivos departamentales.

Cada área tiene responsabilidades diferentes y debe conservarlas.

Alinear significa que esas diferencias convergen hacia prioridades comunes.

Ventas puede perseguir crecimiento.

Operaciones puede buscar estabilidad y productividad.

Finanzas puede cuidar rentabilidad y flujo.

Calidad puede proteger estándares.

Pero todos necesitan comprender cómo sus decisiones se relacionan entre sí y qué resultados son prioritarios para la empresa.

Cuando existe esa claridad, las conversaciones comienzan a cambiar.

La pregunta deja de ser únicamente:

“¿Qué necesita mi departamento?”

Y aparece otra:

“¿Qué necesita la empresa y qué debemos hacer nosotros para contribuir?”

La estrategia se demuestra en las decisiones cotidianas

Los grandes objetivos empresariales suelen formularse una vez al año.

Las decisiones, en cambio, se toman todos los días.

Qué cliente atender primero.

Qué compra autorizar.

Qué problema resolver.

Dónde invertir.

Qué proyecto detener.

Qué recurso asignar.

Qué situación debe escalarse.

Es precisamente en esas pequeñas decisiones donde puede observarse si una organización realmente está alineada.

Porque la estrategia no debería ser solamente un documento que se revisa periódicamente.

Debería convertirse en un criterio que ayude a decidir.

Cuando los responsables entienden claramente cuáles son las prioridades empresariales, tienen mejores elementos para tomar decisiones sin esperar instrucciones permanentes de Dirección.

Y eso también fortalece la capacidad de la organización para responder con mayor rapidez y coherencia.

Una pregunta que vale la pena hacer

En su próxima reunión con los responsables de las principales áreas, podría hacer un ejercicio muy sencillo.

Sin mostrar previamente el plan estratégico, pregunte:

¿Cuáles consideran que son las tres prioridades más importantes de nuestra empresa durante los próximos meses?

Después compare las respuestas.

No se trata de comprobar quién tiene razón.

Se trata de observar qué tan compartida está realmente la dirección de la empresa.

Si las respuestas son razonablemente coincidentes, probablemente existe una base importante de alineación.

Si cada responsable describe una empresa diferente, quizá el problema no sea falta de esfuerzo.

Puede ser que todos estén avanzando…

pero no necesariamente hacia el mismo lugar.

De objetivos escritos a objetivos compartidos

Una empresa necesita objetivos.

Pero necesita algo más importante: conseguir que esos objetivos orienten las decisiones de quienes dirigen sus diferentes áreas.

La alineación no consiste en repetir una frase corporativa ni en colocar objetivos en una presentación.

Consiste en lograr que las personas comprendan las prioridades, reconozcan cómo contribuyen a ellas y consideren el impacto que sus decisiones generan sobre el resto de la organización.

Porque una empresa puede tener buenos profesionales, buenos departamentos e incluso buenos resultados individuales.

Pero su verdadera capacidad para avanzar aparece cuando esas capacidades dejan de funcionar como esfuerzos separados y comienzan a trabajar como parte de un mismo sistema.

La estrategia comienza a producir resultados cuando deja de pertenecer únicamente a Dirección y empieza a orientar las decisiones de toda la organización.

 

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