El verdadero liderazgo no consiste en tener todas las
respuestas, sino en rodearse de personas que ayuden a encontrar mejores
soluciones.
En muchas empresas existe una situación que pocas veces se
cuestiona: durante las reuniones, el director es quien más habla, quien propone
las soluciones y quien finalmente determina qué debe hacerse.
Los demás escuchan, asienten y ejecutan.
A primera vista, podría parecer una muestra de liderazgo
sólido. Sin embargo, vale la pena preguntarse:
¿El equipo está aportando todo su conocimiento o
simplemente está esperando que el director decida?
Cuando saber demasiado se convierte en una limitación
La experiencia es uno de los activos más valiosos de un
empresario. Muchas organizaciones existen y han prosperado gracias al
conocimiento, esfuerzo y capacidad de decisión de quienes las fundaron.
Pero conforme una empresa crece, también aumenta la
complejidad de sus decisiones.
Aparecen nuevos mercados, tecnologías, procesos y desafíos
que difícilmente pueden ser dominados por una sola persona.
El problema no es que el director tenga grandes
conocimientos.
El problema comienza cuando considera que su conocimiento
debe ser siempre el más importante.
En ese momento, la experiencia que permitió construir la
empresa puede convertirse, involuntariamente, en una barrera para su evolución.
El riesgo de una mesa donde todos están de acuerdo
Imagine una reunión directiva en la que nadie cuestiona una
propuesta.
Todos coinciden rápidamente. No aparecen perspectivas
diferentes y las decisiones se toman sin mayor discusión.
¿Significa necesariamente que existe un equipo
extraordinariamente alineado?
No siempre.
También podría significar que las personas han aprendido que
resulta más conveniente estar de acuerdo que expresar una opinión diferente.
Una organización necesita colaboración, pero también
necesita pensamiento crítico.
Cuando nadie se atreve a cuestionar una decisión, la
empresa puede estar perdiendo información valiosa antes de actuar.
Los mejores equipos no son aquellos donde todos piensan
igual, sino aquellos donde las diferencias de conocimiento y experiencia
contribuyen a tomar mejores decisiones.
Un buen líder no necesita ser el más inteligente de la
mesa
Dirigir una empresa no significa dominar todas sus áreas.
Significa comprender hacia dónde debe avanzar la
organización y construir un equipo capaz de contribuir a ese propósito.
Un director puede tener una extraordinaria visión comercial
y necesitar especialistas que comprendan mejor los procesos operativos, las
finanzas o las nuevas tecnologías.
Reconocerlo no disminuye su autoridad.
Por el contrario, demuestra madurez directiva.
El liderazgo se fortalece cuando el conocimiento deja de
concentrarse en una persona y comienza a convertirse en una capacidad
colectiva.
La verdadera pregunta no es si alguien de su equipo sabe más
que usted.
Es si su organización está aprovechando ese conocimiento.
Una prueba para su próxima reunión directiva
En su siguiente reunión, haga un pequeño ejercicio.
Antes de presentar su propia solución a un problema
importante, pida a los participantes que propongan alternativas.
Escuche sus argumentos y evite intervenir inmediatamente
para orientar las respuestas.
Después, observe:
- ¿Aparecieron
propuestas que usted no había considerado?
- ¿Alguien
presentó información que desconocía?
- ¿Existieron
opiniones diferentes respaldadas por argumentos?
- ¿La
decisión final mejoró gracias a las aportaciones del equipo?
Si las respuestas son afirmativas, probablemente está
aprovechando una de las mayores fortalezas de cualquier organización: la
diversidad de conocimientos de sus integrantes.
Si nadie aporta algo diferente, vale la pena investigar por
qué.
Puede tratarse de falta de preparación, poca confianza para
participar o una dinámica donde las decisiones ya parecen estar tomadas antes
de comenzar la reunión.
Identificar la causa es el primer paso para mejorar.
La mesa correcta también es aquella donde otros aprenden
de usted
Hay un matiz importante.
Estar rodeado de personas que saben menos sobre determinados
temas no significa necesariamente estar en el lugar equivocado.
Un líder también tiene la responsabilidad de compartir su
experiencia, desarrollar talento y preparar a otros para asumir mayores
responsabilidades.
Por eso, el verdadero desafío consiste en mantener un
equilibrio:
Sentarse en mesas donde pueda aportar su experiencia y
buscar también aquellas donde tenga algo nuevo que aprender.
Porque una organización crece cuando sus líderes dejan de
preocuparse por demostrar cuánto saben y comienzan a interesarse por cuánto
puede aprender y aportar todo su equipo.
Reflexión final
La próxima vez que participe en una reunión, observe quién
está aprendiendo de quién.
Si usted siempre tiene la última palabra, todas las
respuestas y todas las soluciones, quizá sea momento de cambiar la dinámica.
No necesariamente necesita cambiar de mesa.
Tal vez necesita permitir que las personas que ya están
sentadas a su alrededor tengan una participación diferente.
Porque el verdadero liderazgo no consiste en ser
indispensable por lo que uno sabe, sino en construir una organización que sea
cada vez más capaz gracias a lo que todos saben.
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